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Burguesía
y Gangsterismo en el deporte
Dante
Panzeri
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Dante Panzeri
De la belleza en el fútbol
Dante Panzeri, periodista deportivo y
agudísimo observador del fenómeno deportivo
llamado fútbol, y de la realidad en generalmurió
el 14 de abril de 1978. No llegó a ver
el comienzo del campeonato a disputarse
ese año, al que se oponía con tenacidad.
Panzeri sostenía que el mundial a desarrollarse
en el país, sería utilizado políticamente
por la Dictadura Militar que imperaba
en ese momento. No era su primer enfrentamiento.
En la década del 60, bajo la dictadura
de Onganía y presionado por, entre otros,
Alvaro Alsogaray, dejó la editorial Atlántida,
donde trabajaba.Es autor de dos maravillosos
libros: Fútbol, dinámica de lo impensado
y Burguesía y gangsterismo en el deporte
(del cual se reproduce, en esta edición
de La Tecl@ Eñe, “El hipertrofiado
atrofiado”). Además publicó artículos
para las revistas El Gráfico, Satiricón,
Así, y también en los diarios Crónica
y La Prensa
Según Panzeri,
la belleza del fútbol depende del talento
de los jugadores. Afirmación algo extraña
para nuestra época, bajo la cual daría
la impresión de que esa belleza está
determinada o definida por la calidad
tecnológica en la generación y transmisión
de los partidos, como así también por
la edición de programas que hacen de la
presentación y las instancias previas
al partido, discursos semióticos en sí.
Por otro lado, el pensador italiano Volpicelli
( a quien alude en el artículo presentado)
ya advertía en su libro “Industrialismo
y deporte”, que el deporte y el fútbol
en particular, estaban condenados a muerte por efectos de la tecnología.
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"El atrofiado
hipertrofiado"
Mundialmente,
el deporte es una logia secreta. Una secta socialmente
contrabandista sin eludir Aduanas.
Una secreta
logia con apariencia de universalizada apertura
a las leyes ordinarias de la sociedad. Un neocuatrerismo
ajustado al Derecho. Una chantocracia chantajista.
Tanto hay
de cofradía masónica en el actual deporte industrializado
y politizado, que sus organizaciones rectoras
distribuyen títulos de domésticas distinciones
en el estrecho ámbito de sus cerrados cenáculos.
Esa logia llamada
El Deporte (que en algunos casos llega a ser
auténtico y todavía puro en medio de una generalizada
corrupción de su esencia primitiva) no es otra
cosa que una suma multitudinaria de organizaciones
civiles de lícita apariencia; para ejercer,
subrepticiamente, actividades tan ilícitas o
tan repulsivas a la igualdad de los derechos
humanos, como las que seguidamente se enumeran
como las más conocidas, todas, por supuesto,
colocadas bajo el estandarte de la recreación,
la salud física y la felicidad de los pueblos:
-1) La extorsión
o el chantaje a los Estados.
-2) La burguesía
y el privilegio más aberrantes a los comunes
clamores de igualdad social de los pueblos (indistintamente
en los países capitalistas, como en los comunistas,
o los llamados terceristas).
-3) El adoctrinamiento
de las masas populares en el insólito derecho
a lo prohibido, no obstante haberse institucionalizado
al deporte como escuela de civismo.
-4) El pragmatismo
de lo vedado por lo moral, en aras de lo apetecido
por lo material.
-5) La parasitología
humana como carga de la sociedad, sin mediar
jamás expresa aprobación de la sociedad para
financiar esa imposición de tales castas burguesas
que argumentan “obrar socialmente”.
-6) La actividad
política comparable a las agrupaciones específicas,
tanto donde éstas están permitidas, como donde
están proscriptas por las leyes.
-7) Los más impunes
delitos en punto a dolo, defraudación, estafas
o drogadicción, con el amparo de la inocencia
admitida en quien delinque en cumplimiento de
mandatos societarios siempre anónimos, por masificados
que son los pronunciamientos de las asambleas,
en los cuales se escudan aquellos delitos para
impunidad de sus verdaderos autores.
-8) La venalidad
y la prostitución de los periodistas supuestamente
preceptores de la conducta ciudadana, incorporados
en crecido número al núcleo accionario de aquella
secta parasitaria en todo el mundo.
-9) la difusión,
primero; el estímulo, luego; y por último la
más abundante información pública respecto de
la drogadicción, hoy llevada a extremos de suicidio.
-l0) El soborno,
el cohecho, la incentivación ilícita de las
motivaciones competitivas, según lo exigen interese
de asociados paralelos, o de organizaciones
gangsteriles copartícipes de los intereses deportivos.
¿Qué
es el deporte?
Desde luego,
es algo muy transformado respecto de su idea
original; de su inicio entre castas económicamente
privilegiadas; de su concepción inicial sin
multitudes de activos y pasivos intervinientes,
ahora consumidores, o consumidos.
En respuesta
a aquella pregunta, no hay ningún diccionario
ni enciclopedia que aporte una definición encuadrada
en la actual función positiva que el
deporte puede cumplir en la sociedad, según
sus muchas transformaciones sociales, económicas,
industriales, morales y éticas.
Por eso me
permito establecer, como pauta del sujeto a
analizarse en este trabajo, una definición que
me es propia y con cuyo basamento ruego al lector
ubicarse en la filosofía del ideal, y la crítica
de la realidad, que ha de encontrar en las páginas
posteriores. Hela aquí:
DEPORTE
SEGÚN SIGLO XX: Juego limpio. Cultivo
del honor. No importa si por profesionalismo
o amateurismo. Pueden ser deportes los dos.
Pueden no ser deportes ninguna de las dos disciplinas
mencionadas, si se apartan del juego limpio
y honorable. Específicamente: toda actividad
física o atlética de carácter competitivo. O
aquello que procura una perfomance con fines
recreativos, y/ o espectaculares, que sin atentar
contra la salud de sus protagonistas en forma
intrínseca de sus fines ( boxeo, automovilismo)
propenda al mejoramiento físico, moral, intelectual,
y aun patrimonial de quienes lo practiquen.
Sin anacronismos, y con generosa aceptación
de muchas de sus transformaciones propias de
toda masificación, aquello es a mi juicio el
acto deportivo encuadrado en la humanidad contemporánea,
tanto en lo que respecta a sus derechos, como
a sus obligaciones, en situación de convivencia.
Por cierto
que los diez puntos que sintetizan aquella ubicación
del deporte en una logia parasitaria ( de la
que implícita y explícitamente quedan excluidas
las contadísimas y honrosas excepciones propias
de toda generalización) no tienen armonía con
la aspiración estética y social de dicha definición
respecto de Deporte según siglo XX.
El deporte
es, hoy, en el mundo, un gigante atrofiado e
hipertrofiado a la vez.
Tan corrupto
como el hombre, cosa muy natural tratándose
de un quehacer de hombres; mucho más natural
cuando su conducción – desde todos los ángulos-
pasó a ser casi un monopolio de hombres comunes;
frecuentemente mediocres. En contraposición
de alguna época en la que esa conducción estuvo
a cargo de hombres incomunes, acaso de “ inadaptados
sociales”, si afinamos sin sentido peyorativo
el alcance de la expresión. Desde que el deporte
quedó totalmente en manos de los “adaptados”
( a épocas y distorsiones), su anatomía es la
de aquella contradictoria coexistencia de la
atrofia y la hipertrofia en un mismo, gigantesco,
cuerpo.
ATROFIA:
Falta de desarrollo de una parte del cuerpo.
Consumisión. Falta de nutrición de un órgano.
ATROFIAR:
Padecer atrofia, disminuir su tamaño.
HIPERTROFIA:
Aumento anormal del volumen de un órgano.
Veremos ahora, recorriendo hechos comunes, sucesos
sobresalientes, citas intrascendentes, publicaciones
inadvertidas, constancias muy publicitadas,
personajes populares, personalidades casi desconocidas,
noticias deportivas y no deportivas, cómo el
deporte se constituye en una suerte de logia
masónica; en una típica –y casi incomprensible-
burguesía igualmente imperante – con omnipotencia
de oligarquía intocable- en el mundo llamado
capitalista- liberal; y en el opuesto denominado
socialista con su fuerte capitalismo clasista,
o en el más reciente de los denominados terceristas
no alineados.
Entre la extensa
nómina de burguesías contra las que la humanidad
proletaria lucha desde hace siglos para extirpar
los privilegios, las desigualdades ajenas a
la inevitable desigualdad mental de los hombres,
se ha oído mentar a las burguesías agroganaderas;
a las burguesías industriales; a las burguesías
feudales; a las burguesías de banqueros; a las
burguesías de gangsters; a las burguesías del
arte; a las burguesías intelectuales; a las
burguesías literarias; a las burguesías de tratantes
de blancas; a las burguesías universitarias;
a las burguesías del vicio; en tiempos más recientes
aquella colección de burguesías se ha ampliado
con las más notoriamente reemplazantes de la
burguesía política, que son la burguesía militar
y la burguesía sindical.
Pero no veo
que se advierta la existencia de la burguesía
deportiva. Se la conoce. Pero no se le da importancia.
Y tampoco advierto
aproximación imaginativa- cuando los inadvertidos
advierten su existencia- de lo que esa burguesía
deportiva consume del tributo impositivo y voluntario
que la sociedad brinda para que esa burguesía
se sustente. Y se agigante hasta la hipertrofia,
si se trata de su nocivo desarrollo como hecho
social.
Sospecho que
no transcurrirán muchos años sin que las explosiones
masivas de indignación por los privilegios de
los menos, produzcan el hasta ahora imposible
caso de la rebelión de las masas contra el deporte
parasitólogo.
Sin desearlo
exactamente, creo que se trataría de un hecho
plenamente justificado en el proceso de la rebeliones
populares. Comprendo que la predicción es por
ahora demasiado antedatada.
Pero en la
proclamada era de las “ transformaciones y cambios
para liberar a los pueblos sojuzgados”, es absolutamente
aberrante que el deporte (precisamente con aquella
bandera en la mano) se convierta en un primerísimo
consumidor de bienes cada vez más escasos del
común plato de nuestros consumos. Que desplace,
por caso, a la salud y la educación pública.
Cuando ello
sea advertido, no solamente se pueden producir
agresiones masivas como las registradas en los
Juegos Olímpicos de Munich de 1972(cuando guerrilleros
árabes masacraron a los atletas judíos), sino
la desaparición por mucho tiempo de consumo
de suntuosidad faraónica como han pasado a ser,
en perjuicio de los contribuyentes anónimos,
los Juegos Olímpicos, los Campeonatos Mundiales,
y por el estilo una sucesión de otras semejantes
periódicas programaciones, supuestamente “ obligatorias”
al “ honor y promoción de los países”, pero
en verdad solamente destinadas al lucro sectario
de aquella logia de burgueses deportivos que
han hecho del deporte un trampolín y una vidriera
de otros objetivos de chantócratas (
creación lunfarda de Jorge Sábato.)
Aquella, que
no pretende ser una predicción, sino una mera
ecuación del andar de la vida, ya tuvo algún
anticipo en el rechazo que por decisión popular
supiera hacer la ciudad norteamericana de Denver
( Colorado) de la sede olímpica que habían logrado
inconsultamente sus “representantes” en la mesa
de la burocracia de la parasitología internacional
del deporte. El despertar de los pueblos pocas
veces se hace con racionalidad. Pero los abusos
con los pueblos dormidos suele culminar en pesadillas.
Y esto es válido para el saqueo que el deporte
le está haciendo a todos los pueblos del mundo,
aun cuando una prensa adocenada y cómplice del
engaño, aparentemente logre, momentáneamente,
la felicidad de esos pueblos por verse así insultados
en su pobreza.
En febrero
de 1974, ante un enfrentamiento con España,
los futbolistas representativos de Yugoslavia
en las eliminatorias para el Campeonato mundial
de ese año, recibían la oferta de un premio
de 50.000 dinares ( 3.000 dólares aproximadamente)
para cada uno, en caso de obtener el acceso
a dicho certamen. La revista yugoslava Nin,
comentando el episodio, hablaba de “maquinaciones
en el alto nivel del fútbol” y agregaba: “Podrá
ser el partido de la década, pero aún cuando
fuera el del milenio, preguntamos: ¿qué sociedad
puede darse el lujo de estimular cada 60 segundos
de un partido con 350 dólares a cada jugador?”
(La Nación, 20/1/74.)
El día anterior,
Tom Weiskopf, el golfista que mayor cantidad
de dinero ganó en el mundo durante 1973 (245.463
dólares) declaraba (La Nación, 19/1/74) que
no comprendía cómo un golfista podía ganar 100.000
dólares en dos semanas, y se manifestaba partidario
de una distribución más equitativa de los premios,
agregando: “Me gusta ganar dinero, pero no tendría
inconveniente en que se reduzcan mis beneficios
anuales en 50.000 dólares”.
No participo
de la ñoñería de regular honorarios profesionales
según las exigencias formativas previas del
sujeto, como lo sustenta el frecuentemente alegato
de que “ un jugador de fútbol no debe ganar
más que un médico”. Acepto que gane más, si
su arte cuenta con mayor demanda que el de curar.
Pero no comparto
la universalizada insolencia socioeconómica
que hace del recreador de multitudes (sea deportista,
artista o cualquier profesión exclusivamente
recreativa, no productora de servicios esenciales
para la sociedad) el ciudadano económicamente
privilegiado dentro de las escalas retributivas
de los salarios. Lejos de ser un lastre del
capitalismo, esa aberración igualmente imperante
en el mundo capitalista como en el comunista,
es mucho más que cualquier otra cosa, un caso
de inconsciencia social colectiva contra el
cual tendrán que alzarse alguna vez los clamores
populares o los procesos auténticamente socializantes,
dentro de los cuales, hasta ahora, aquella lacra
sobrevive, curiosamente, como uno de sus puntos
de supuesto apoyo, según es generalizado el
uso del deporte como anestésico mental de todos
los pueblos que lo pagan sin cuestionar su característica
de monopolio de una secta parasitaria.
El entusiasmo
deportivo terminó por inundar de infantilismo
la vida continental, decía Ortega y Gasset,
en una suerte de asociación de extremos igualmente
representativos de una degeneración humana en
el deporte, como pueden serlo, con la misma
gravedad, la detención del desarrollo de los
individuos por insuficiencia glandular, o el
desarrollo anormal del volumen de sus órganos
por desproporcionada actividad. Atrofia e hipertrofia
deportivas.
El deporte
desnaturalizado como juego o como negocio del
juego, está en esos extremos, que por cierto
sobrepasan lo que imaginó y condenó Ortega
y, como él, muchos sociólogos del hecho deportivo.
Pero con todo,
la vigencia de sus anatemas sigue siendo fresca:
“La exageración
de los deportes (...) es uno de los vicios,
de las enormidades, contra la norma de nuestro
tiempo; constituye una de sus falsificaciones.”
“Está bien
alguna dosis de fútbol. Pero ya tanto es intolerable.”
(Y en la poca que Ortega decía esto no había
aún copas de campeones, recopas, supercopas,
copas de ganadores de copas, campeonatos metropolitano
y nacional, y todo este fútbol convertido en
bazar que puede determinar que River Boca jueguen
9 veces en el año y esos nueve partidos se multiplican
en 18 exhibiciones por televisión...)
“ Una confirmación
nos la proporcionan los diarios, que por su
misma naturaleza (...) son el lugar donde más
prontamente y de modo más claro se revela lo
falso de cada época. Columnas y páginas, y más
páginas, no hacen si no hablar del deporte.”
“Los jóvenes
sólo se ocupan con fervor de su cuerpo y se
están volviendo estúpidos.”
(Ortega no
imaginó que también podían transformarse en
estúpidos a través del mismo fervor volcado
en la atención de sus melenas y sus patillones
convertidos en “el cuerpo del joven 1970”.)
Huizinga, otro
ensayista del fenómeno social del deporte, coincide
diciendo:
“Nos amenaza
la misma organización exagerada de la vida deportiva,
con la excesiva importancia que las noticias
relativas al deporte adquieren en la prensa
diaria, en los diarios especializados, hasta
convertirse en el alimento espiritual de muchos.”
Volpicelli,
hoy primera autoridad mundial en la educación
física, señala:
“Es ya un hecho
que la radio, la televisión, la prensa, no
sepan que imágenes y superlativos emplear,
de qué inéditos poemas épicos extraer metáforas
para exaltar la gloria de los campeones,
los incuestionables caudillos de las masas de
hoy... Si la cultura nace en el juego deportivo,
su propagación en nuestro tiempo habría tenido,
como única consecuencia, la de difundir puerilidad
y estupidez.”
“El hecho de
que el deporte se origina en la civilización
de rapiña, se demuestra, entre otras cosas,
por la jerga de los atletas, formada en gran
parte por locuciones sumamente sanguinarias,
provenientes de la terminología guerrera (“matar”,
“sacrificio”, “machos”, “fuerza”, “degollar”).
De este modo, las cualidades que por lo común
se admiran en el tipo masculino producto de
la vida deportiva, tales como “la confianza
en sí mismo y la camaradería” podrían denominarse
más bien “crueldad y complicidad del silencio”.
“No es sólo
que el fanatismo puede emplearse con fines demagógicos
para distraer y adormecer a las masas, sino
que, de un modo más amplio, el deporte, como
fanatismo, como participación emotiva, acentúa
la arcaica tendencia de las masas a rehuír el
control de la crítica y del juicio y a someterse
a los mecanismos contemporáneos de condicionamiento
y alineación:”
Representando
de una manera más realista a este concepto,
se podría decir: no es sólo que el fanatismo
sea usado por los gobiernos para hacer demagogia
sobre las masas fáciles de seducir con dulces
bocadillos; lo peor es que ya nos hemos ido
al otro extremo del proceso y tenemos en boga
el contrauso de aquella demagogia gobernante
en todo el mundo, por las propias masas elegidas
para ser adormecidas en la etapa inicial del
proceso: ahora esas masas son poderosas sucursales
de la explotación autónoma de esa misma demagogia,
desde luego que teniendo como clientes a los
hombres- masas que aún se encandilan con ella.
Y así se da el caso que prácticamente los gobiernos
más proclives a aquella explotación ya casi
no necesitan actuar para que ese proceso de
captación mental de las masas siga su curso.
¡Ahora son las masas las que actúan demagógicamente
y en alguna forma son los gobiernos los que
hacen de clientes de ellas! En un comienzo fue
al revés: los gobiernos ponían el circo y en
él hacían de payasos los pueblos; ahora los
pueblos han puesto su circo propio y colocado
a los gobernantes a hacer de payasos dentro
de ellos. Y lo curioso es que todos, absolutamente
todos, proclaman a cada momento, aunque cuidándose
de hacerlo en forma pública:
-¡Todo esto
es camelo!...¡Puro camelo!
-El deporte
ahora es circo en todos los niveles.
-Es todo
mentira (aporteñadamente: “es puro grupo”).
El relator
de más audiencia en la radiofonía futbolera
argentina es un típico ejemplo de ese sentido:
viendo crecer aquella corriente de “ apoyo al
deporte”, se puso a su vera y en su ritmo; hoy
la encabeza y hasta en cierto modo la orienta
hacia donde a él se le ocurra o más convenga:
tanto hace llorar a coro, como aplaudir a coro,
como sufrir a coro, como gozar a coro, a la
“ sensibilidad futbolística del país”. Se mete
en la vida privada más herméticamente cerrada
y puede ser capaz de obligar al Estado a hacerse
partícipe de lo que el Estado haya querido dejar
librado al uso privado de la población; requiere
la palabra del hombre de la calle y del hombre
de gobierno; los obliga a integrar el carnaval;
y en definitiva la comedia se hace absolutamente
“nacional” sin exclusión de clases ni rangos;
Todos “ están en el jardín” (título de
obra teatral descriptiva del llamado mundo contemporáneo).
Todos participan del rosado rosal, puesto
que la presión desde aquel medio es tan grande,
que no adherirse a él puede ser, para cualquier
obrero como para cualquier ministro, peligrosamente
“antipopular” como muestra de “insensibilidad
de masas”.
“Lo demás es
obra de la prensa, que refuerza esa educación
emotiva e irracional del hombre-masa –
dice Volpicelli – para lo cual los diarios
deportivos destilan una forma de embrutecimiento
de la cual no siempre se tiene conciencia. Aquél
que asistió a un partido espera con ansia el
lunes para poder leer el relato de un diario
deportivo, pero el lunes el partido le resulta
nuevo y el lector vuelve a presenciarlo sin
que siquiera medie la duda de que existan exageraciones
y deformaciones” .El lector- tipo las hace suyas
y las lleva consigo al próximo partido que ha
de presenciar con sus ojos y tratará de saber
“cómo fue”... con el diario del lunes.
Un alemán,
Kischnick, ha dicho:
“Por lo tanto,
si nos preguntamos si el deporte constituye
la forma espiritual de expresión de nuestro
tiempo, la respuesta es que en ninguna actividad
se niega el principio espiritual tanto como
en el deporte, mientras que por otra parte,
y esto es lo trágico, en ninguna otra se lo
busca con tanta sinceridad:”
“Si la práctica
del deporte se vuelve absorbente, el arte desaparece
y la fantasía viviente deja de encontrar el
placer del alegre juego.”
Del pintor
Quinquela Martín: “ A mí me gustaba el fútbol
cuando lo jugaban los líricos y los tuberculosos.
Pero ahora se ha convertido en refugio de millonarios”
(29/10/1967).
Del poeta Alberto
Girri: “En el fútbol de antaño se ganaba
o se perdía; en el de hoy, nuestros “reyes del
estadio”, como los llamaría Montherlant, siempre
son “vencedores morales”, una expresión tan
ambigua como hipócrita”. Y agregaba refiriéndose
al tango como actitud nacional semejante al
fútbol... “parece haber sucumbido definitivamente
bajo los embates de sociólogos, intelectuales
y renovadores” ( 16/2/1969). Con las mismas
palabras que para el tango pudo referirse al
fútbol con igual exactitud.
*Este texto
pertenece al libro BURGUESÍA Y GANGSTERISMO
EN EL DEPORTE, del reconocido periodista deportivo
Dante Panzeri (Editorial Líbera, Buenos Aires,
1974)