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Leonardo
Martínez
Poeta
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Leonardo Martínez (1937) Catamarqueño. Egresado
de la Escuela de Artes Musicales de la Universidad
Nacional de Tucumán, ejerció la docencia en
dicha institución y en el Colegio Sagrado Corazón.
En 1980 regresa a Catamarca para dedicarse a
tareas rurales en Tacana, localidad de las cerranías
de Ancasti, hasta 1989. Martínez ha publicado
“Tacana o Los linajes del tiempo” en 1989 (recibiendo
la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de
Escritores, en 1990), “Ojo de brasa”, editado
en la colección “Cuadernos de Sudestada”, dirigida
por Ana Emilia Lahitte, “El señor de Autigasta”,
publicado por Último Reino en 1994, y “Asuntos
de familia” (Último Reino 1997). Ha recibido,
entre otras, las siguientes distinciones: Mención
Especial en Poesía, Producción 1992/1995, dentro
del Régimen de Premios Nacionales; Primer Premio
de Poesía, año 1996, en el concurso de la Fundación
Carmen Gándara, y Primer Premio a la Producción
Intelectual y artística de Catamarca, en 1994.
En la actualidad se encuentra preparando su
próximo libro, “Jaula Vacía”. Desde hace diez
años reside en Buenos Aires.
Literaturas
regionales: Poesía y región*
“Siempre
me ha parecido artificiosa y esquemática la
división entre literatura urbana y regional.
En realidad, sólo hay literaturas regionales,
y en el caso de existir una literatura nacional,
ha de estar necesariamente integrada por un
conjunto de regiones, no sólo por la pampa húmeda
y su ciudad-puerto.
Porque
la región, liberada de ornamentos folclóricos
y de énfasis nativistas, se hace sentir a manera
de cadencia sonora en el aliento de sus mejores
poetas. Bachelard enseñaba que la poesía, en
su forma simple, natural, lejos de toda ambición
estética y de toda metafísica, es una alegría
del aliento, la dicha evidente de respirar.
“La
poesía – escribe T.S. Eliot en un famoso ensayo
– difiere de todas las demás artes por cuanto
tiene para los de la raza y lengua del poeta
un valor que no tiene para los demás. Es más
fácil pensar en un idioma extranjero que sentir
en esa lengua. Por eso, no hay arte más obstinadamente
nacional que la poesía”.
Si
omitimos la desagradable palabra raza empleada
por Eliot, de franca connotación fascista, podríamos
parafraseando en lo esencial y decir que no
hay arte más obstinadamente regional que la
poesía”
Juan José Hernández
*Fragmento
de Poesía y región, texto leído por el autor
en el homenaje al grupo de la Carpa, en 1993,
con motivo del cincuentenario de su creación.
El texto forma parte del último libro de Hernández,
Escritos Irreberentes, publicado por Adriana
Hidalgo editora.
NEW
YORK ESTÁ LEJOS
dicen
París
también
Con
mi madre y tía Encarnación
viajamos
a Buenos Aires
Es
la noche del 18 de Agosto del 41
Las
Salinas Grandes
desde
la ventanilla del tren
parecen
un lago de cristal reverberante
Mi
madre exclama
- Soberbio paisaje
La
corrige Encarnación
- No digas soberbio se usa lindísimo
Pero
el paisaje es soberbio
Yo
estoy contento
con
mi guardapolvo de seda cruda
con
mi madre
que
canta a media voz arias de Mozart
y
el trajecito recién estrenado en el coche comedor
Vamos
a Buenos Aires
Elegantes
“Ala
page” sin importar la guerra
Por
Favor no nos digan provincianos
- En Europa éramos argentinos
afirma
Encarnación
En
Europa todos los gatos son pardos
Tengo
cuatro años y me llevan al Teatro Colón
En
la valija van mi traje de terciopelo negro
la
camisa con encajes
las
medias blancas tres cuartos y los zapatos de
charol
Viajamos
a Buenos Aires sintiendo apenas
que
en un lugar distante
se
derrumba el cielo
y
un verano sucio humea
Pero
todos se inclinan ante Europa
la
Europa de Hitler y de Pétain
de
Mussolini de Churchill de De Gaulle
Sin
embargo la guerra nos llega como noticia
porque
no somos ese mundo
Yo
nunca quisiera ser ese mundo
de
museos de catedrales marchitas
Soy
un niño Tengo cuatro años
Me
gusta montar mi petiso
en
las madrugadas
y
hollar los tréboles cargados de rocío
Me
lo ensillan Rosario y el Abisinia
uno
es rubito y el otro retinto
Escoltan
mi sueño
Se
arrodillan a cada lado de mi cama
rezamos
el “bendito” y la oración al Ángel
y
se quedan hasta que me agarra el sueño
Los
extraño
Según
mi abuela
los
pobres y los negros pertenecen a una creación
distinta
Eso
sí
Tata
Dios nos pide que los amparemos
A
pesar de las creaciones distintas
Pienso
animales
sirvientes y patrones
respiramos
el mismo aire
Soy
feliz con los hijos de los peones
aunque
siempre pierda en los juegos
Ellos
son más astutos y violentos
Inmisericordes
Está bien Me gusta
Quiero ser como ellos
mi
abuelo los azota
para
que no se junten conmigo
El
tren es una dulce y velos hamaca
Me
duermo
Cuando
despierte estaré en Buenos Aires
Lo
que llaman Europa seguirá en llamas
¡Ah!
Bidú Sayao canta
en
el Liederkranz Hall de New York
fragmentos
de Manón
hoy
18 de Agosto del 41
(de
“Viaje a la Noche”, del libro Rápido Pasaje,
Ediciones Último Reino, 1999)
COMO
a los mellizos místicos
me
amamantó una loba
En
realidad fue una perra negra
cuya
leche sagrada
llenó
de furor religioso mi infancia
No
me hizo falta otra madre
pues
la leche de la perra negra
dejó
en mis labios
el
gusto agreste de la inmortalidad
Fundé
la ciudad donde sueño
y
tuve hijos
prolongados
en una descendencia innumerable
criaturas
transparentes
que
abarrotan pasado y porvenir
(de
“Mitológicas”, del libro Asuntos de familia
y otras imposturas, Ediciones Último Reino,
1997)
ENTONCES
nos
gustaba mirar
las
puestas del sol,
hundirnos
en la sombra caliente
y
soñar.
Entonces,
¡ay!
rezábamos,
cumplíamos
penitencias de rodillas,
comulgábamos,
las
rodillas callosas y escamadas
con
una paspa dura y seca.
También
guardábamos
secretos
envueltos
en hilachas de oraciones
dentro
de un corazón apasionado.
Eran
secretos penosos,
hermandades
presentidas,
complicidades
con las asombras leves
que
empezaban a velar los cuerpos.
(de
“La Infancia”, del libro El Señor de Autigasta,
Ediciones Último Reino, 1994)
EN
LAS FAMILIAS VIEJAS
se
estrujaban la conciencia y el amor
Y
como el señor de Autigasta
encontrábamos
la libertad
al morar en
el monte.
Conviviendo
con los animales silvestres
aprendimos
a oler al enemigo,
a
ver lo que ocurre detrás del horizonte
(también
a escribir con silencios,
a
inventar palabras mudas).
De
nuestras mancebías
provinieron
los mestizos,
aquellos
desgraciados poetas de la tierra.
(de
El Señor de Autigasta, Ediciones Último Reino,
1994)
Producción: Conrado Yasenza