Asomarse a un diario de vida es siempre regodearse con el vouyeur
que todos llevamos dentro, el que espía y nos espía, interrogándonos
acerca de las oscuras y luminosas aristas que la vida ofrece. El Oficio
de Vivir, del poeta y novelista Cesare Pavese, es exactamente eso y
mucho más. Es una larga confesión en la que el autor va
consignando reflexiones que abordan el proceso creativo, la juventud,
la madurez, la religión, el poder y el amor. Todos estos tópicos
están vinculados por un hondo intimismo, el cual se entrelaza
con la agudeza irónica - y hasta insolente y desafiante - de
la voz de un hombre que por sobre todas las cosas padeció la
peor de las tragedias: la imposibilidad de ser amado; o como expresa
Pavese: "sólo sabe hacerse amar quien sabe hacerse odiar
por la misma persona.". Como un sino trágico e irónico
de un diario escrito para dejar constancia de una vida, El Oficio de
Vivir, culmina con el suicidio de quien lo dotó del latido interno
e íntimo. Sirvan, como testigos de un clamor satírico
y hondo a la vez, algunos pasajes escogidos arbitrariamente.
27 de septiembre (1937)
La razón por la cual las mujeres siempre han sido "amargas
como la muerte", sentinas de vicios, pérfidas, Dalilas,
etc., es, en en el fondo, sólo ésta: el hombre eyacula
siempre -si no es eunuco- con cualquier mujer, mientras que ellas alcanzan
raras veces el placer liberador, y no con todos, y a menudo no con el
adorado -precisamente porque es el adorado- y, si lo alcanzan una vez,
ya no piensan en otra cosa. Por el frenesí - legítimo-
de ese placer están dispuestas a cometer cualquier iniquidad.
Están obligadas a cometerla. Esto es lo fundamentalmente trágico
de la vida, y el hombre que eyacula demasiado rápidamente haría
mejor en no haber nacido. Es un defecto por el que vale la pena matarse.
30 de septiembre (1937)
Las únicas mujeres con las que vale la pena casarse son aquellas
en las que uno no puede confiar para casarse.
6 de noviembre (1937)
El error más grande del suicida no es matarse, sino pensar en
el suicidio y no cometerlo...El verdadero raté no es el que no
logra éxito en las grandes cosas - ¿quién lo logra?
- sino en las pequeñas. No llegar a construirse una casa, no
conservar un amigo, no contentar a una mujer; no ganarse la vida como
todo el mundo. Éste es el raté más triste.
7 de diciembre (1937)
¿Hablaría tanto el hombre del libre albedrío si
fuera cierto que lo posee?. Quizá se trate de un postulado: queriéndolo,
podemos ser libres, pero también podemos ser efectos. Pero, ¿y
la elección inicial?.
Quien no se ha topado con al muralla de una imposibilidad física
en cosas que interesan a toda la vida (impotencia, dispepsia, prisión,
etc.) no sabe qué es sufrir. Y en efecto, para estos casos se
ha inventado la renunciación: la desesperada tentativa de acreditarse
un mérito en virtud de algo que, por lo demás, es inevitable.
¿Puede imaginarse algo más vil?.
Notable es el estado de quien no siente la tentación de lo que
no hace; no el estado de quien se siente tentado y renuncia. En términos
realistas, el primero es la paz, el segundo la tortura. Y que digan
lo que quieran los que tienen debilidad por los héroes. Sufrir
es una tontería.
Antes des ser astutos con los otros, es preciso que seamos astutos con
nosotros mismos. Existe un arte en cuya virtud podemos hacer que las
cosas ocurran de modo que, en nuestra conciencia, el pecado que cometamos
sea virtuoso. Aprendamos de cualquier mujer.
El arte de hacerse amar consiste en tergiversaciones, fastidios, desdenes,
avaras concesiones que epidérmicamente resultan dulcísimas
y que ligan al desdichado con doble filo; pero en el fondo de su corazón
y de su instinto hacen nacer e incuban un rabioso rencor, que se expresa
en desestima y deseo tenaz de venganza. Hacer esclavos es una mala política;
sin embargo, se ha empleado, y se la volverá a emplear.
La consabida tragedia: sólo sabe hacerse amar quién sabe
hacerse odiar; por la misma persona.
Así termina la juventud: cuando vemos que nadie quiere nuestro
ingenuo abandono. Y este final reviste dos modos: percatándonos
de que no lo quieren los otros, y percatándonos de que no podemos
aceptarlo nosotros. Los débiles envejecen del primer modo, los
fuertes del segundo. Nosotros hemos sido de los primeros. Alegría.
En nuestro tiempo un hombre verdadero no puede aceptar con cautela el
ananké de la guerra. O es pacifista absoluto o guerrero despiadado.
El aire es crudo: o santos o verdugos. En buena hemos caído.
¿Por qué no es aconsejable perder la cabeza?. Porque entonces
somos sinceros.
25 de Octubre (1938)
La fantasía humana es inmensamente más pobre que la realidad.
Si pensamos en el futuro, lo vemos desarrollarse siempre según
un sistema monótono. No pensamos que el pasado es un caos multicolor
de generaciones. Esto puede inclusive ayudar a consolarnos de los terrores
de la barbarización técnica y totalitaria del futuro.
En los cien años siguientes podrá darse una serie de,
por lo menos, tres momentos, y el espíritu humano podrá
sucesivamente vivir en la plaza, en la cárcel o en los diarios.
Dígase lo mismo del futuro personal.
30 de julio (1939)
¿Existe , sí o no, progreso en la historia?.
Problema insoluble, porque mientras tú entiendes por progreso
el acceso a la esfera absoluta de los valores morales, y todos los demás
lo llaman técnica (astucia), otros se contentan precisamente
con el mero enriquecimiento técnico de las condiciones del bienestar,
y lo llaman progreso.
Es imposible llegar a lo absoluto por grados. Por lo tanto, no se puede
encontrar lo absoluto en el fondo de una evolución histórica.
De ahí que el progreso (innegable) no se dirige hacia lo absoluto,
sino que es cuantitativo.
Lo mismo ocurre en los individuos. Existe un progreso técnico,
de astucia, de experiencia, pero el ciclo abarca los consabidos siete
años. Tal era entonces, de modo absoluto, y tal es ahora, a los
treinta y cinco.
9 de julio (1940)
Quien tiene una pasión dominante, en función de ésta
odia al género humano, porque se le aparecen, en relación
con su pasión, como rivales, o, en todo caso, como resistencias.
30 de enero (1950)
Es supersticioso quien sigue creyendo en un mito superado por la historia,
en un mito para destruir el cual se cuenta con los medios necesarios...Quien
ostenta un mito y ya no cree en él es un hipócrita, un
reaccionario. El supersticioso puede ser fanático, el reaccionario
es cínico. Es escéptico quien no cree en ningún
mito. Es fatal quien realiza en sí un mito auténtico,
en el que cree. El hombre fatal no es libre.
Crear un personaje enteramente libre es imposible. Las cadencias de
su vida (que no pueden eliminarse) serán su destino.
¿Podremos llegar algún día más lejos y considerar
hasta la libertad un mito?. ¿es decir, verla desde un punto tal
que hasta ella misma se revele como destino?.
1° de febrero (1950)
La intuición realiza mito-religión.
La voluntad realiza historia-poesía o teoría.
Errores:
Con la intuición querer realizar historia,
Con la voluntad querer realizar mito.
La voluntad se ejerce sobre los mitos y los transforma en historia.
Destinos que se tornan libertad.
25 de marzo (1950)
No nos matamos por amor a una mujer. Nos matamos porque un amor, cualquier
amor, nos revela en nuestra desnudez, miseria, nada.
18 de agosto (1950)
Lo que tememos más secretamente siempre ocurre.
Escribo: oh, Tú, ten piedad. ¿Y luego?.
Basta un poco de valor.
Cuanto más determinado y preciso el dolor, más se debate
el instinto de la vida, y cae la idea del suicidio.
Al pensar en ello, parecía fácil. Sin embargo mujercitas
lo han hecho. Se requiere humildad, no orgullo.
Todo esto da asco.
Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.